Cristina Dorador y “Amor Microbiano”: la huella invisible de cada beso
En el marco del Día del Amor, la científica antofagastina Cristina Dorador replicó en X una publicación de Congreso Futuro que rescata su trabajo “Amor Microbiano”, bajo el eje: “Es tan corto el amor y tan larga la persistencia bacteriana”.
En las láminas difundidas se enfatiza que el amor no sólo es un sentimiento abstracto, sino que también tiene “una expresión biológica concreta por medio de nuestro microbioma”, el conjunto de microorganismos que habitan el cuerpo humano.
La publicación recuerda que cada vez que abrazamos, tomamos de la mano o besamos a alguien, intercambiamos millones de microorganismos. De hecho, se advierte que en un beso de diez segundos pueden compartirse hasta 80 millones de bacterias, algunas de las cuales permanecen. Con el tiempo, las parejas que conviven comienzan a parecerse también en su microbioma: primero aumenta la diversidad microbiana y luego ocurre una selección natural en la que algunas bacterias se adaptan y otras desaparecen.
En las gráficas difundidas se plantea además una pregunta provocadora: ¿qué ocurre cuando el amor termina? La respuesta apunta a que el microbioma se reconfigura, pero que, como en la memoria, puede quedar un pequeño rastro del otro. Ese intercambio microbiano deja una huella biológica, un legado invisible que puede persistir más allá del vínculo afectivo.
Ver hilo que posteó Cristina Dorador
El amor microbiano:
Una publicación de Explora en agosto de 2019, sobre los trabajos de investigación con respecto a los microorganismos de Cristina Dorador, se resalta que están en todas partes y también dentro de nosotros: en el cuerpo humano conviven más de 48 billones de bacterias, 60 billones de virus y miles de millones de hongos. Son esenciales para la vida, desde sostener el ciclo del nitrógeno hasta permitir procesos digestivos como la degradación de la fibra. La propia Dorador ha señalado que comprender esta dimensión implica un cambio radical de mirada: “Me cuesta mirar el mundo y no pensar en microorganismos. Es como la Matrix”.
Explora detalla que la microbióloga, experta en bacterias extremófilas del Desierto de Atacama, acuñó la idea de “amor bacteriano” al reflexionar sobre cómo los microbiomas de dos personas se comunican y transforman en la convivencia.
Afirma Dorador: “Durante un beso de diez segundos, se pueden compartir hasta 80 millones de bacterias”, explica, y añade que tras una ruptura comienza una recuperación paulatina del microbioma, aunque puede quedar un legado difícil de borrar. De allí su frase final, hoy reimpulsada en redes: el amor puede ser breve, pero la influencia bacteriana es profunda y persistente.
