La matanza de Pomona, el desplazamiento de los asentamientos de comunidades y la profanación de cementerios ancestrales: Los hitos que marcaron la fundación de Temuco en sus 145 años
En medio de banderas y celebraciones oficiales, Temuco conmemora 145 años de su fundación como urbe fundada por el Estado chileno. Sin embargo, tras el protocolo y los discursos de aniversario, persiste una verdad incómoda que las autoridades han preferido mantener en las sombras: la ciudad no nació de un pacto civilizatorio, sino de una ocupación militar que trajo consigo masacres, desplazamientos forzados y la usurpación sistemática de territorios que por siglos pertenecieron a las comunidades mapuche.
La fundación de Temuco, ocurrida en 1881, se inscribe en el contexto de la llamada «Pacificación de la Araucanía», un proceso bélico que anexó el territorio ancestral al Estado Nación. Lo que los partes oficiales de la época describieron como «incorporación de nuevos territorios», significó para las comunidades la pérdida de tierras ancestrales y el inicio de una diáspora que aún hoy reclama justicia.
A 145 años de aquel hito, la herida de la ocupación sigue abierta, desafiando a la sociedad a mirar más allá de la efeméride y preguntarse si es posible celebrar un pasado que aún duele.
A continuación, se comparte artículo basado en los escritos del comunicador Alfredo Seguel y de la dirigente Benigna Troncoso Rucán, descendiente del lonko Huete Rucán
Temuco, 145 años de sangre y silencio: la ciudad que se edificó sobre el despojo mapuche
La capital regional de La Araucanía cumple 145 años de existencia oficial. Banderas, discursos protocolares y eventos artísticos marcarán la conmemoración de una urbe que hoy supera los 300 mil habitantes. Sin embargo, tras el tono festivo impulsado por las autoridades, persiste una verdad incómoda que los libros de texto y las celebraciones oficiales han preferido mantener en las sombras: Temuco, así como diversas otras localidades al sur del Biobío, no nació de un pacto civilizatorio, sino de una ocupación militar que implicó masacres, desplazamientos forzados y la profanación sistemática de espacios sagrados para el pueblo mapuche.
Así, el 24 de febrero de 1881, por orden del ministro del Interior Manuel Recabarren, el Ejército chileno estableció un fuerte militar en territorios que por generaciones habían pertenecido a familias mapuche. La ceremonia fundacional no fue un acto pacífico de fundación, sino una demostración de fuerza destinada a intimidar a los lof que se oponían a la ocupación.
«Al terminar el parlamento, las tropas hicieron una serie de evoluciones y ejercicios y se hizo funcionar las ametralladoras en dirección al cerro Ñielol. Los mapuches miraron estupefactos la demostración, mientras se les advertía, intencionalmente, que esas eran las armas que habían vencido al Perú», relata el libro «Cincuentenario de Temuco (1881-1931)» de Oscar Arellano.
Entre los líderes que resistieron se encontraban los lonkos Lienan y Huete Rucán, dueños precisamente de los terrenos donde hoy se asienta el centro neurálgico de la ciudad. La resistencia de ambos para proteger el territorio, fue respondida con balas.
La masacre de Pomona:
Uno de los episodios más brutales de aquella ocupación ocurrió en las cercanías del río Cautín, en un sector que hoy comprende Avenida Costanera, Quinta Pomona y el Balneario Los Pinos. Una investigación de 2024 sobre las «Rutas de la Memoria Mapuche» documenta lo que la historiografía oficial omitió durante décadas.
«Este lugar de memoria se origina en los sucesos bélicos que se desataron sobre los suelos de Temuko y que se remontan a la fundación del cuartel militar en febrero de 1881», consigna el texto. Y agrega: «Los Temukoche y sus aliados, luego de parlamentar y pedirles que se retiraran, comenzaron las hostilidades hacia éstos ante su negativa a dejar el lugar. El día de la batalla y ante un ataque combinado de los distintos territorios aliados a Temuko, los militares en un golpe de audacia pillan y atacan desprevenidos a una línea mapuche que acampaba en lo que es hoy Quinta Pomona. En la ocasión, cayeron en combate dos de sus principales lonko junto a sus capitanes y kona, sumando casi un centenar de bajas».
Cien mapuche asesinados. Cien nombres que no aparecen en los discursos de aniversario. Cien historias que quedaron sepultadas bajo el concreto de una ciudad que creció sobre sus cuerpos.
Paradójicamente, a 145 años de esta historia, al lado del hito 0 donde se funda la ciudad de Temuco, fue encontrado recientemente, hace tan solo unos días en febrero de 2026, restos arqueológicos mapuche en donde se construye la Biblioteca Regional de la Araucanía, al lado de la plaza Recabarren, al lado del Regimiento Tucapel, en calle Vicuña Mackenna con O”Higgins.
El territorio sagrado profanado: cementerios ancestrales bajo el asfalto
Múltiples otros hallazgos arqueológicos previos, confirman que el territorio donde se asienta Temuco fue, durante siglos, un espacio ceremonial y funerario de extraordinaria importancia para el pueblo mapuche. Un estudio de 2021 revela que, durante las décadas de 1960 y 1980, se realizaron «rescates» de cementerios y contextos funerarios en varios puntos de la ciudad.
En 1984, en el Liceo Tecnológico (ex Industrial B-22), en la franja de Avenida Balmaceda, se descubrieron restos óseos y cerámicas del estilo Pitrén, asociados a entierros mapuche. El arqueólogo Américo Gordon documentó sitios como Ñielol 1 y Ñielol 2, donde se encontraron sepulturas y cerámicas monocromas. «Se trata de un sitio de entierro de considerables dimensiones», señala el informe.
Un año antes, en 1983, la Quinta Santa Elvira reveló urnas funerarias con cerámica Valdivia del período alfarero tardío prehispánico. «Ambas piezas contenían huesos humanos, pero estos fueron destruidos o recolectados por personas del lugar», detalla el estudio.
El Cerro Ñielol, cuyo nombre alude a un espíritu protector (Ngen), formaba parte de un complejo ceremonial milenario que incluía un gran eltún (espacio fúnebre) que se extendía desde la zona del actual cementerio de Temuco (Prieto Norte con Balmaceda) hasta la gruta de la Virgen. Hoy, gran parte de ese territorio sagrado yace bajo edificios, calles y plazas.
«Mi bisabuelo era dueño de las tierras donde hoy está Temuco»: el testimonio de Benigna Rosa Troncoso Rucán, descendiente del lonko Huete Rucán
Entre las familias más afectadas por la fundación de Temuco se encuentra la del cacique Huete Rucán, una autoridad ancestral que poseía extensas tierras en lo que hoy es el corazón de la ciudad. Su bisnieta, Benigna Rosa Troncoso Rucán, presidenta de la Comunidad Indígena Rucán, reconstruye en un relato desgarrador la historia de despojo que marcó a su familia por generaciones.
«Debo partir diciendo que todo este relato es oral o hablado por mi madre Rosa Rucán, ella nació en Molco, comuna de Pitrufquén, el año 1922, hija de Juan Rucán que nació en Temuco el año 1887, descendiente de cacique Huete Rucán. Dueño de las tierras usurpadas por el Estado Chileno para fundar la ciudad de Temuco», declara Troncoso Rucán en un documento compartido al Espacio Educativo Nor Fën.
La dirigenta mapuche enfatiza que los límites del territorio estaban claramente definidos: «Es bien sabido que los límites del territorio mapuche habían quedado perfectamente claros y establecidos ya en parlamento y reuniones con autoridades ancestrales como Cacique y Loncos con la Corona Española».
«Mi bisabuelo el cacique Huete Rucán fue defendido tenazmente por una de sus esposas llamada Panchita Ferreira, quien fue escuchada en su momento por ser NO mapuche», relata, aludiendo a una mujer chilena que siendo parte de la comunidad, se convirtió en defensora ante las autoridades militares.
La huida a través del río Cautín: el exilio forzado de la familia Rucán
La resistencia de Huete Rucán tuvo consecuencias devastadoras para su familia. Su hijo Juan Rucán, abuelo de Benigna, siendo aún un niño pequeño, debió huir para salvar su vida.
«Mi madre Rosa Rucán nos relata que mi abuelo Juan Rucán, siendo aún niño pequeño, fue perseguido por los chilenos invasores y para salvar su vida se vio obligado a huir de Temuco. Huyó con mi abuela montados en un caballo cruzando a nado el río Cautín, presos del miedo y rendidos ante un poder genocida del Estado Chileno», narra Troncoso Rucán.
La persecución no fue un hecho aislado. Según los registros históricos, Huete Rucán había sido identificado como uno de los principales líderes de la resistencia. El libro «Historia de Temuco» de Eduardo Pino (1969) lo menciona explícitamente: «Los principales caudillos del levantamiento habían sido: Melin, de Rielol; Millapan, de Cholchol; Necul Painal, de Carirrifie; (…) y Huete Rucán, de Catrimalal, que salvó su vida en el momento de enfrentar el pelotón de los fusileros gracias a las lágrimas de su mujer, la chilena ‘cautiva’ Panchita Ferreira».
En noviembre de 1881, el comandante Cartes tomó prisionero al cacique Huete Rucán por ser «férreo oponente a ceder sus tierras». Su ruca se situaba donde hoy se construye el nuevo Mercado Municipal, mientras que la del cacique Lienan estaba donde actualmente se levanta el Hotel de La Frontera y Plaza Anibal Pinto (Plaza de Armas).
El título de merced que no evitó el despojo: 430 hectáreas para 87 familias que nunca llegaron a poseer
En 1894, en el proceso de radicación impulsado por el Estado chileno, a Huete Rucán, a kilómetros de distancia de su espacio, se le asignó un Título de Merced (N° 299) que reconocía supuestamente 430 hectáreas en el sector de Ralun Coyán para él y 87 familias. Sin embargo, la medida llegaba tarde y resultó insuficiente.
«En esa radicación le fue asignado un título de Merced con el Nro 299 del año 1894 y otorgado a él y para 87 familias sobre la hijuela Nro 145 de 430 hectáreas de superficie del lugar Ralun Coyán del departamento de Temuco», detalla Troncoso Rucán.
Pero el reconocimiento paper no impidió la dispersión familiar. Juan Rucán, el hijo del cacique, debió huir a tierras desconocidas, a un lof distinto de su querida ñuke mapu (madre tierra). Falleció el 13 de febrero de 1937 en Molco, comuna de Pitrufquén, a los 50 años. Su hija Rosa, madre de Benigna, quedó huérfana a los 15 años.
«Fue dejada para el servicio doméstico a una familia de colonos alemanes, ahí creció y volvió a su ruca y se casó con mi papá. Junto a él trabajaron toda su vida de medieros en distintos lugares del campo para colonos que ya eran los dueños de nuestra querida mapu. Así crecimos los cuatro hermanos con todas las dificultades que conlleva haber sido despojados de nuestra tierra ancestral en Temuco», relata.
«Mi madre murió con la esperanza de justicia»: la lucha que cruza generaciones
Rosa Rucán, hija del cacique despojado, mantuvo viva la memoria de su familia y la lucha por sus tierras hasta el final de sus días. En el gobierno de Patricio Aylwin, primera administración democrática tras la dictadura, la dirigenta mapuche intentó sin éxito ser escuchada.
«Mi madre siguió en la lucha incansable por sus tierras. En tiempo que fue Presidente Don Patricio Aylwin se dirigió a él para hacerle entrega de una petición directa por sus tierras, todo fue sin respuesta positiva. Falleció mi mamá el 16 de julio de 1996», recuerda Benigna.
El miedo al maltrato y la discriminación dejó heridas profundas en la identidad cultural de la familia. «Mi mamá Rosa sentía mucho miedo por todo lo ocurrido y evitó enseñarnos hablar su idioma y mantener la cultura mapuche, por temor a la discriminación en las escuelas, en el trabajo. El pueblo chileno invasor dejó huellas profundas en nuestra familia, sufridas por el despojo y la posterior fundación de Temuco el 24 de febrero de 1881 en el corazón mismo de su preciada mapu», confiesa Troncoso Rucán.
Hoy, los descendientes del cacique Huete Rucán viven dispersos en la misma ciudad que perteneció a sus antepasados. El 17 de diciembre de 2015, con personalidad jurídica N° 2147, nació la Comunidad Indígena Rucán, integrada por 22 personas que buscan mantener viva la memoria y exigir algún tipo de reparación.
El presente de la deuda: descendientes pagan altos arriendos en tierras que fueron de su familia
La paradoja que enfrentan los descendientes de Huete Rucán es tan cruel como ilustrativa del despojo sufrido: hoy deben pagar arriendo para vivir en el territorio que ancestralmente perteneció a su familia.
«Hoy todavía en esta última generación repercute el despojo, usurpación y genocidio de mi bisabuelo Huete Rucán en tiempos tan difíciles. Doce de quince socios pagan altísimo arriendo para vivir en terrenos que eran de mis antepasados», denuncia Benigna Troncoso Rucán.
La magnitud del despojo es tal, que ni siquiera gestos mínimos de reparación, como la cesión de un puesto en el nuevo Mercado Municipal para que la comunidad pueda comercializar sus productos, o el reconocimiento simbólico de colocar el nombre del cacique Huete Rucán en una calle o plaza por donde a diario transitan miles de personas sin saber sobre quién se asentó la ciudad, han sido siquiera considerados por las autoridades en estos 145 años.
«Mi madre falleció con la esperanza de que nosotros, sus hijas e hijos que llevamos orgullosamente su sangre y apellido, pudiéramos continuar esta tarea: la búsqueda de justicia para nosotros como legítimos descendientes y también porque nuestros ancestros fueron cruelmente masacrados y además no hay un lugar en Temuco donde estén sus restos, porque donde estaba el cementerio hoy existe una mole de cemento, calles, edificios, plazas», concluye Benigna Rosa Troncoso Rucán.
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