¿quién cuida el agua que mantiene con vida a los flamencos?
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¿quién cuida el agua que mantiene con vida a los flamencos?


En la alta cordillera de Atacama, Maricunga no es un “paisaje bonito” para la postal: es un sistema frágil donde el agua decide quién vive y quién no. Por eso, cuando el Estado pone al salar en la ruta estratégica del litio, la pregunta no es decorativa ni “ambientalista”: es esencial. ¿Qué pasa con el humedal que sostiene a las colonias de flamencos cuando el territorio se convierte en objetivo productivo?

En febrero de 2024, un monitoreo de CONAF confirmó la presencia de más de 1.500 flamencos altoandinos en el Salar de Maricunga, con la mayor concentración en la Gran Laguna. En ese registro se informó la presencia de flamenco andino/chileno y también flamenco de James en nidificación, con polluelos.

Más recientemente, este 26 de enero, un registro difundido por Fundación Symbiótica a través de Ladera Sur reportó una colonia cercana a los 2.000 flamencos en el mismo salar, reforzando la idea de que Maricunga no es un “sitio cualquiera”: es hábitat y refugio en una zona donde el agua es escasa por definición.

En diciembre de 2023, El Ciudadano ya había puesto el foco en Maricunga desde otro ángulo: una visita inspectiva del Segundo Tribunal Ambiental al salar, en el marco de reclamaciones que buscan anular la aprobación ambiental del proyecto Salar Blanco. En ese recorrido aparecieron dos flamencos y piuquenes frente a comunidades, prensa y magistrados, como un símbolo incómodo en medio de una disputa por permisos, territorio y agua.

La misma nota recogió testimonios y recordó que los salares son ecosistemas extremadamente frágiles: allí, la discusión no es “minería sí o no” en abstracto, sino qué pasa con el recurso hídrico en un lugar donde el equilibrio depende de entradas mínimas de agua y cambios que pueden tener efectos grandes.

El agua del Salar de Maricunga no es un detalle: es el sistema completo

Los flamencos —parinas para el quechua— no llegan por capricho. Dependen de lagunas, salmueras, microorganismos, y de una cadena ecológica que se sostiene con agua y equilibrio químico. En salares altoandinos, mover una variable puede desordenar el resto: el espejo de agua cambia, la productividad baja, la oferta de alimento se modifica y el sitio deja de servir para alimentarse o reproducirse.

La bióloga y doctora en Ciencias Cristina Dorador, especializada en ecología microbiana de salares altiplánicos, lo explicó así a El Ciudadano: “En el pasado fueron lagos, los que se han ido secando en el tiempo geológico, ya que se ha ido evaporando el agua en mayor cantidad de lo que ingresa al sistema. Esto hace que sean muy frágiles y frente a perturbaciones o cambios ambientales, los salares tengan también respuestas o cambios considerables”.

Flamencos y espejo de agua en la alta cordillera: cuando el salar se vuelve “estratégico” para el litio, la pregunta es quién protege el agua. (Imagen referencial, crédito: Chile es tuyo)

No es cuento. Un estudio publicado en Proceedings of the Royal Society B —titulado Climate change and lithium mining influence flamingo abundance in the Lithium Triangle (El cambio climático y la minería de litio influyen en la abundancia de flamencos en el Triángulo del Litio)— analizó esa zona y advirtió que el aumento de la minería de litio, junto con la disminución del agua superficial, podría tener efectos dramáticos en la abundancia de flamencos. En particular, el trabajo reportó correlaciones negativas en el Salar de Atacama para dos de las tres especies evaluadas.

Ahí está el corazón del conflicto: si el agua define el humedal, entonces la gran discusión en Maricunga es cómo se resguarda el agua del Salar de Maricunga cuando el lugar entra a un ciclo de explotación intensiva.

Maricunga en la Estrategia del Litio: el contrato ya está firmado

Este 12 de febrero, el Presidente Gabriel Boric encabezó en La Moneda la firma de la actualización del Contrato Especial de Operación de Litio (CEOL) en el Salar de Maricunga, en el marco de la Estrategia Nacional del Litio. El comunicado oficial detalla que el contrato —otorgado inicialmente por el Estado a Codelco en 2018— incorpora una nueva visión de desarrollo productivo con “involucramiento del territorio y las comunidades”, además de aportes a gobiernos regionales, municipalidades y comunidades indígenas, y un Comité de Gobernanza asociado a derechos indígenas.

En la ceremonia, Boric sostuvo: “hoy se están conjugando varias cosas que tienen que ver con cómo entendemos la minería, que es distinto a cómo se entendió la minería en el siglo XX…”, y agregó que se debe hacer con “cuidado y respeto del medio ambiente y las comunidades”. También afirmó: “Estoy convencido de que nuestro país está preparado para volver a liderar la producción del litio a nivel mundial… cuidando nuestro medio ambiente”.

La ministra de Minería, Aurora Williams, señaló que con la estrategia se busca “construir una industria responsable y vinculada a los territorios” y que la actualización del CEOL posibilita “aumentar de modo significativo la producción de litio”.

El mensaje político es claro: Maricunga entra a la liga grande del litio. Pero el detalle que no puede pasar colado es el cómo.

En julio de 2024, El Ciudadano volvió sobre el tema con una investigación centrada en el proyecto de litio asociado a Lithium Power International y el rol de Codelco, vinculándolo al monitoreo de CONAF fechado en 2023. El reportaje sostuvo que el seguimiento técnico encontró flamencos anidando más allá de los límites del Parque Nacional Nevado Tres Cruces, justamente en áreas colindantes al espacio donde se proyecta actividad ligada al litio, reforzando la idea de que Maricunga no es un “vacío” productivo, sino un sistema vivo.

Registro de CONAF en el Salar de Maricunga: la presencia de colonias de flamencos refuerza el valor ecológico del humedal altoandino. (Foto: captura de video CONAF)

La nota también citó pasajes del informe de CONAF sobre antecedentes de nidificación de las tres especies de flamencos y mencionó registros como un grupo de 859 volantones acompañado por adultos “nodrizas”, presentado como evidencia de reproducción y uso del salar. En esa lectura, el punto de choque vuelve a ser el mismo: si el proyecto se expande o se intensifica, la variable crítica es el agua y las alteraciones que puedan impactar el hábitat.

Evaporación primero: una decisión que pone el agua bajo presión

Según el comunicado de la Presidencia, la primera fase del proyecto (desde 2030) proyecta una producción de 15.000 a 20.000 toneladas anuales de LCE usando técnica de evaporación. Y desde 2033 se proyecta llegar a 55.000 toneladas con tecnologías de extracción directa.

En chileno simple: al menos en su arranque, el proyecto parte con un método que históricamente ha sido cuestionado por su relación con la extracción de salmuera y el balance hídrico en salares. Y aunque la extracción directa se presenta como “más moderna”, la discusión ambiental no se evapora con el cambio de etiqueta: el problema de fondo sigue siendo la disponibilidad de agua y la estabilidad del ecosistema.

Por eso, cuando el Estado pone el sello de “estratégico”, lo mínimo exigible es que el resguardo no sea un eslogan. La pregunta concreta es: ¿cuáles son los límites ecológicos?, ¿cuál es la línea base pública?, ¿qué indicadores van a gatillar freno o corrección?, ¿quién monitorea y con qué transparencia?

El fantasma de Atacama: cuando el salar se hunde, el debate deja de ser teórico

El Salar de Atacama no es un calco de Maricunga, pero sí funciona como advertencia. Investigadores de la Universidad de Chile reportaron que el salar presenta subsidencia —es decir, hundimiento del terreno— a una tasa de 1 a 2 centímetros por año, asociada a extracciones de salmuera, según análisis satelitales.

Y la propia literatura científica que estudia flamencos en el Triángulo del Litio vuelve una y otra vez a lo mismo: el agua superficial y la productividad biológica están conectadas con el modo en que se explota el recurso.

Con ese antecedente, el “no es llegar y llevar” aplica doble: no basta con prometer estándares; hay que demostrar, con datos abiertos y fiscalización robusta, que el proyecto no va a empujar a Maricunga hacia un punto de no retorno.

CONAF confirmó la presencia de colonias de flamencos en el Salar de Maricunga, un ecosistema donde el agua es la variable crítica para su supervivencia. (Foto: captura de video CONAF).

El agua del Salar de Maricunga: la pregunta incómoda que debe responderse ahora

Maricunga ya mostró algo que el negocio del litio no puede ignorar: el salar está vivo, y lo está con fuerza. Los registros de CONAF y los censos recientes que hablan de colonias numerosas ponen una responsabilidad adicional sobre cualquier decisión productiva: si el agua se altera, no se “compra” un reemplazo. Un humedal altoandino no se traslada ni se repara con una ceremonia.

Por eso, más allá de la firma del Contrato Especial de Operación de Litio, el debate de fondo es uno solo: quién cuida el agua del Salar de Maricunga con reglas claras, monitoreo independiente, participación real del territorio y capacidad efectiva de frenar cuando corresponda. Porque si el agua cae, no hay “transición verde” que alcance para explicar por qué se apagó el hábitat de los flamencos.