El 1 de mayo de 2026 entrará en vigencia una inédita modificación a la Ordenanza Local de la ciudad de Ámsterdam, capital de los Países Bajos, la cual prohíbe la publicidad de carne en los espacios públicos.
Según consignaron medios internacionales como el diario El País de España, la restricción considera las vallas y pantallas publicitarias ubicadas en espacios abiertos, la vía pública y el sistema de transporte, incluyendo cruceros, vuelos y estaciones de recarga de combustibles fósiles y gasolina.
Asimismo, se indicó que los avisos podrán seguir siendo exhibidos en los negocios que vendan productos cárnicos o en la proximidad inmediata del respectivo local o edificio dedicado a este rubro. La medida tampoco afecta la publicidad de carne en la televisión, prensa escrita, radio y medios digitales.
La iniciativa fue presentada por el Partido por los Animales y la Izquierda Verde, siendo apoyada por 27 de los 45 escaños del Concejo Municipal de Ámsterdam.
En declaraciones al diario El País, Verónica Largo, directora de comunicación de ProVeg España comentó que la decisión «sienta un buen precedente y un ejemplo a seguir, donde las medidas políticas respaldan los objetivos climáticos y de salud a corto y largo plazo».
Desde la organización recordaron que «tal como lo ha indicado la ONU, los alimentos de origen animal, especialmente las carnes rojas, los productos lácteos y los crustáceos de piscifactoría, suelen estar asociados a mayores tasas de emisión de gases de efecto invernadero».
En ese sentido, de acuerdo a una nota publicada por Animanaturalis.org, citando cifras de Greenpeace, la ganadería sería responsable de la emisión del 14,5% de los gases de efecto invernadero a nivel mundial, lo que equivale a lo emitido por todos los vehículos, trenes, barcos y aviones del planeta juntos.
Por su parte, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente señala que los productos de origen animal son responsables de casi el 60% de las emisiones relacionadas con la alimentación, incluyendo metano, óxido nitroso y dióxido de carbono.
Pero, agregan desde Animanaturalis, «el impacto no se limita a las emisiones. Las cadenas de producción ganadera emiten un total de 8,1 gigatoneladas equivalentes de CO2, siendo el 66% de todas las emisiones ganaderas atribuidas a la carne, y dentro de ellas, la producción bovina es la más impactante».
«La fermentación entérica —esos ‘eructos’ de las vacas que tanto se mencionan— produce metano, un gas con un impacto 25 veces mayor que el dióxido de carbono. La gestión del estiércol, la producción de los piensos y el consumo de energía completan un ciclo devastador», apuntaron desde el portal animalista.
Y eso no es todo. Además, la producción ganadera es una de las más grandes usuarias de agua en el mundo: investigaciones recogidas por Sentient Media indican que se necesitan entre 5.000 y 20.000 litros de agua para producir un solo kilogramo de carne.
El Ciudadano



