la grieta entre la especulación y la economía real
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la grieta entre la especulación y la economía real


Los precios del cobre atraviesan uno de los momentos más altos y volátiles de su historia reciente, pero lejos de traducirse en dinamismo productivo, están empujando a la industria a un escenario de estancamiento. El mercado chino de alambrón de cobre secundario se ha convertido en el mejor termómetro de esta contradicción: precios récord en los mercados financieros, demanda física deprimida y una creciente sensación de bloqueo estructural.

En enero de 2026, la tasa de operación del alambrón de cobre secundario alcanzó el 20,17 %, superando levemente las previsiones del mercado (18,56 %). Sin embargo, el dato es engañoso: representa una caída intermensual de 0,25 puntos porcentuales y un retroceso interanual de 6,73 puntos, confirmando que la actividad industrial sigue anclada en niveles históricamente bajos.

Precios en máximos, fábricas en mínimos

Durante el mes, el contrato de cobre más negociado en la Bolsa de Futuros de Shanghái superó puntualmente los 113.000 yuanes por tonelada, con oscilaciones extremas impulsadas por flujos de capital, expectativas macroeconómicas y tensiones geopolíticas. En paralelo, la brecha de precios entre el cobre primario y la chatarra llegó a superar los 6.000 yuanes/t, un nivel que, en teoría, debería haber hecho altamente rentable la producción de cobre secundario.

Pero el mercado real no respondió. Ni las empresas de cables y alambres incrementaron sus compras, ni las plantas de reciclaje aceleraron su producción. El resultado fue un fenómeno cada vez más habitual en los mercados de materias primas: precios que suben sin volumen, una señal clara de desconexión entre la esfera financiera y la economía productiva.

Demanda aplazada y miedo a comprar caro

Uno de los factores centrales de esta divergencia es el comportamiento defensivo del sector downstream. Ante precios considerados artificialmente inflados y con expectativas de corrección, muchas empresas optaron por aplazar la demanda, limitando sus compras a pedidos históricos ineludibles. Incluso el tradicional acaparamiento previo al Año Nuevo Chino —un patrón casi estructural del mercado— desapareció por completo este año.

La lógica es simple: comprar ahora implica asumir el riesgo de quedar atrapado en precios máximos. En un entorno de alta volatilidad, la prudencia se impuso sobre la necesidad productiva.

El peso de la política fiscal y la escasez de chatarra

A esta debilidad de la demanda se sumó un segundo factor decisivo: el endurecimiento del entorno regulatorio. Tras el Año Nuevo, las auditorías fiscales más estrictas a las empresas vinculadas a la “facturación inversa” obligaron a muchas plantas de cobre secundario a cambiar sus esquemas de aprovisionamiento, recurriendo únicamente a chatarra gravada, ya fuera importada o nacional.

El impacto fue inmediato:

  • Aumento de costos de producción
  • Escasez periódica de materias primas que cumplieran los requisitos fiscales
  • Suspensión de actividades en pequeñas y medianas empresas incapaces de asumir la carga tributaria o limitadas por cuotas de facturación

El mercado quedó atrapado en una paradoja: las plantas no se atrevieron a cotizar por temor a vender barato y comprar caro, mientras los proveedores retuvieron material ante perspectivas bajistas o riesgos políticos. La liquidez se evaporó y la brecha psicológica de precios entre compradores y vendedores se amplió hasta casi congelar las transacciones.

Especulación al rojo vivo, consumo congelado

El clímax llegó a finales de enero, cuando el cobre se disparó más de 6.000 yuanes/t en una sola sesión, alcanzando un máximo histórico de 113.880 yuanes/t durante la negociación nocturna. Sin embargo, el repunte tuvo un origen claro: arbitraje y operaciones especulativas en el mercado de futuros, no compras genuinas de la industria.

Mientras el precio ardía en las pantallas, los pedidos físicos prácticamente desaparecieron. El mercado entró en un estado extremo de “calor especulativo y frialdad industrial”. Cuando los precios comenzaron a corregir, la confianza se enfrió con la misma rapidez y los márgenes teóricos se estrecharon de forma drástica. En Jiangxi, por ejemplo, el descuento del alambrón secundario frente a los futuros pasó de casi 2.400 yuanes/t a menos de 1.100 yuanes/t.

Febrero: modo festivo y expectativas en pausa

Las perspectivas a corto plazo no son alentadoras. Con la cercanía del Año Nuevo Chino, la logística se ralentiza, muchas empresas downstream detienen operaciones y la demanda física se contrae aún más. Aunque los precios podrían retroceder desde los máximos extremos, la ausencia de pedidos sólidos y la persistencia de riesgos regulatorios dificultan cualquier recuperación significativa.

Todo apunta a que el mercado entrará en un “modo festivo” anticipado, con una actividad comercial cada vez más débil. La industria secundaria del cobre seguirá operando a bajo ritmo, enfocada en liquidar pedidos pendientes y en la gestión defensiva de riesgos.

La verdadera incógnita queda post-festividad: si los pedidos reales de los usuarios finales repuntan y si las incertidumbres fiscales y tributarias logran resolverse con reglas claras y estables. Solo entonces podrá cerrarse la brecha entre precios y volumen, y el cobre volverá a reflejar no solo expectativas financieras, sino también una recuperación tangible de la economía real.